Luís Feito acompañado de Laura Miñambres y José Pérez-Guerra,
director de “El Punto de las Artes”, junto al director de Sala XIII,
Antonio Hurtado, en una de sus inauguraciones |
Luís Feito, Madrid 1929,
pintor.
Estudia en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Para completar su formación se traslada a Paris en 1956, con una Beca del Gobierno francés y del Gobierno español. Más tarde pasa una temporada en Montreal, 1981-83 y también reside en Nueva York de 1983 a 1987.
Es miembro fundador del grupo “El Paso”, colectivo de artistas que nace en 1957. Obtiene del Estado francés en 1985 el nombramiento de Comendador de la Orden de las Artes y las Letras.
Por su parte España le distingue con la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1998.
Realiza su primera individual en 1954 y desde entonces obtiene numerosos galardones y reconocimientos internacionales, tales como el de la Bienal de Alejandría, la de El Cairo, la de Paris y la de Venecia, Lisson en Italia, Estampa y Aeca ARCO.
La presencia de sus obras como parte de las colecciones permanentes de más de sesenta de los principales Museos de Arte Contemporáneo de todo el mundo avala la trayectoria de este gran artista que es además Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Desde un principio forma parte, con entusiasmo, del proyecto de Sala XIII, con el que colabora ininterrumpidamente desde 1999 y al que aporta su ilusión y apoyo, en una magnifica relación desinteresada con esta galería, participando en todas las exposiciones colectivas que se organizan en ella, las celebres “Antesalas”, y, hasta el momento, en dos extraordinarias individuales, con obras creadas exclusivamente para este ámbito y con pleno éxito artístico.
En relación a las exposiciones en Sala XIII José Pérez-Guerra Sánchez, Director de “El Punto de las Artes” ha escrito al respecto: “En nuestra cultura occidental, calificada por Luís Feito como terrenal, los místicos pusieron el contrapunto. Tal vez por eso, su pintura parte de una ascética de situación para entrar en el imperio de lo trascendente. Es cuando un encuadre, un amago de intención aparece en la superficie, y la pintura se ilumina como si recibiera la luz de un vitral catedralicio, de fuera a dentro, de los elementos a un ambiente recogido. Así con lenguaje puro, sin ir a la representación circunstancial, el artista se centra en el espíritu de la letra, va a lo fundamental y, como señaló en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, piensa en “lo eficaz, sin florituras ni camuflajes, con el lenguaje más puro”, y se pone mano a la obra. Las exposiciones presentadas en la Sala XIII, de Torrelodones, ofrecen una lectura nueva en textos donde el concepto plantea una manera de sentir, mientras los colores suenan a compás de pulsaciones.
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